| El Ascendente tarot |
| Compatibilidad tarot |
| El carácter del signo |
| Horóscopo Maya tarot |
| Horóscopo Celta tarot |
| Horóscopo Chino tarot |
| Astrología Medieval tarot |
| Numerología tarot |
| La Carta Astral tarot |
Tarot |
| Historia del Tarot |
| El tarot de Marsella |
| Significado de las cartas del tarot |
| Los Arcanos del tarot |
| Los Mazos del tarot |
Hechizos y Sortilegios |
| De amor |
| De Dinero |
Los Oráculos y el tarot |
| Las Runas tarot |
Magia tarot |
| Historia de la Magia tarot |
| Magia Blanca tarot |
| Magia Negra |
| Supersticiones tarot |
Otros |
| Leyendas |
| Hadas |
| Los instrumentos mágicos |
| Espiritismo |
| Amuletos |




HACE muchísimo tiempo, casi 200 años, entre las fértiles colinas de África del Sur vivía un joven alto y musculoso llamado Nsikana Gaba.
Era un joven muy extraño, completamente diferente de los otros jóvenes africanos que lo rodeaban, y a quien los viejos llegaron a considerar con reverencia.
A muchos de los habitantes de la aldea no les importaba robar, con tal de que no se los descubriera. ¡Pero eso no ocurría con Nsikana! El no conocía los Diez Mandamientos y nunca había oído hablar del monte Sinaí ni de Moisés. No obstante, no robaba ni deshonraba a sus padres. - Tampoco le gustaba pelear ni matar. Las guerras tribales lo disgustaban y nunca participaba en ellas.
No le gustaba la compañía ociosa de otros jóvenes de su tribu, y a menudo se recluía en el kraal donde guardaban los animales, para estar solo y meditar. Solía mirar el cielo o las estrellas y sentir la dirección de una Presencia invisible para él.
Los demás jóvenes no podían comprenderlo. Cuando comenzaban conversaciones obscenas, Nsikana los miraba con desagrado y se alejaba. A veces se reían de él, pero generalmente sentían temor y lo observaban extrañados.
El pueblo de Nsikana, los x
osas, tiene ciertas costumbres que pueden parecernos extrañas. Nos sonreiríamos si los viéramos bañarse en el pro-
fundo río Chume, y luego, una vez limpios, espolvorear sus cuerpos con arcilla blanca. Pensaríamos que se están volviendo a ensuciar. Pero cuando nos damos cuenta de que el talco no se diferencia mucho de la arcilla blanca, no necesitamos sentirnos tan orgullosos de nuestra civilización superior. Entre los xosas, tanto los jóvenes como las señoritas sienten placer de empolvar sus cuerpos con arcilla.
Una cálida noche de luna, Nsikana y los otros jóvenes de la aldea se bañaron y luego se empolvaron con arcilla, y entonces se dirigieron a una aldea cercana donde se realizaría una danza.
Esa era una ocasión de gala, y ningún joven se sentiría mejor vestido con un traje nuevo que esos xosas esa noche de hace mucho, mucho, tiempo.
Reían y cantaban llevando un ritmo perfecto con los pies. El único que caminaba en silencio era Nsikana. Iba escuchando, como siempre lo hacía, a una voz interior e invisible, una voz que deseaba escuchar; y que casi podía oír en sus horas de meditación.
De pronto una luz descendió de los cielos oscuros y bañó a. Nsikana en sus rayos, así como la luz que brilló sobre Saulo cuando viajaba a Damasco. El lugar quedó iluminado como si hubiera sido la luz del mediodía. Nsikana se detuvo en medio del círculo brillante, mirando a su alrededor maravillado de lo que le había ocurrido. No se sintió sobrecogido por el temor, como le ocurrió a Saulo, porque no estaba haciendo nada malo; sino que fue inundado por un sentimiento de paz, una paz como nunca antes había experimentado. Pero aun cuando él se detuvo en ese lugar, lentamente la luz se retiró y desapareció. Nsikana no se movió. Se quedó allí, quieto, en la oscuridad aterciopelada, sobrecogido por un éxtasis de lo maravilloso que acababa de ocurrirle.
Sus compañeros se habían adelantado mucho. Apenas podía ver, allá lejos, por la senda tortuosa, la luz oscilante de la antorcha. Ellos no habían visto la luz ni sentido la maravillosa y pro. funda paz que Nsikana experimentó.
Ni siquiera habían echado de menos a su amigo.
